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El examen diario de san Ignacio de Loyola – guía en cinco pasos

Michael Porwol · Última revisión: 2026-08-27 · Lectura 3 min

En resumen

El examen es una oración de unos quince minutos con la que, al final del día, miras hacia atrás y preguntas: ¿dónde estuvo Dios hoy, y cómo le respondí? Ignacio de Loyola lo describe en los Ejercicios Espirituales (EE 43) en cinco pasos: acción de gracias, petición de luz, repaso, dolor y propósito. No es un boletín de notas ni una lista de faltas, sino una conversación con un Dios que ya te conoce.

Los pasos

  1. Dar gracias Serénate y da gracias por lo que hoy fue bueno, también por lo pequeño. La gratitud va primero porque ensancha la mirada antes de afinarla.
  2. Pedir luz Pide la gracia de ver el día como lo ve Dios. Ni más duro ni más blando.
  3. Repasar el día Recorre las horas por orden, desde que despertaste hasta ahora. Fíjate dónde estuviste vivo y dónde estrecho, y detente donde algo pese.
  4. Dolerte y recibir perdón Di aquello de lo que te pesa y pide perdón. Y di también lo que te sostuvo.
  5. Hacer un propósito Lleva una sola cosa pequeña a mañana y termina con un Padrenuestro.

De dónde viene el examen

Ignacio de Loyola (1491–1556) no inventó el repaso diario: ya lo conocía la Antigüedad. Lo nuevo en él es el orden: cinco pasos, los mismos cada día, tan breves que caben en una vida llena.

Lo tenía en tanto que permitía a sus hermanos dejar la meditación en casos urgentes, pero no el examen. Es el ejercicio que convierte un día vivido en un día orado.

En los Ejercicios Espirituales la indicación está en el número 43 y se llama allí «examen general de conciencia». El segundo camino, más concreto —el examen particular— está en EE 24 a 31 y mira durante semanas una sola cosa.

Los cinco pasos

1. Acción de gracias

La gratitud está al principio a propósito, no al final. Quien empieza buscando fallos encuentra fallos y nada más. Quien empieza dando gracias ve el día primero como don, y reconoce con más claridad también lo torcido.

Pregunta en concreto: ¿qué fue bueno hoy? No «la vida en general», sino la conversación de la tarde, la luz al volver a casa, la frase que alguien te dijo.

2. Petición de luz

Basta una frase: Señor, muéstrame este día con tus ojos. Es el paso más corto y el más importante. Sin él, el examen se vuelve interrogatorio de uno mismo, y eso resulta o demasiado duro o demasiado cómodo, nunca exacto.

3. Repaso

Ahora recorres el día por orden: despertar, mañana, mediodía, tarde, noche. Todavía sin juzgar, solo mirando.

Ignacio atiende sobre todo a los movimientos: ¿dónde te ensanchaste por dentro, dónde te estrechaste? ¿Dónde hubo alegría, dónde inquietud? De esos movimientos nace después el discernimiento de espíritus, con sus palabras propias: consolación y desolación.

Detente donde algo pese. Un examen que trata igual las dieciséis horas pasa de largo por lo que importa.

4. Dolor y perdón

Di aquello de lo que te pesa. Claro, sin adornos y sin ajustar cuentas. Después pide perdón, y acéptalo. Aceptarlo es la parte que más se salta.

No el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente. (Ejercicios Espirituales 2)

Si este paso se alarga y pesa una y otra vez, es una señal: no de pecado, sino de escrupulosidad. Ignacio la conoció en carne propia y le dedicó reglas propias (EE 345–351). Su consejo es sorprendentemente sobrio: no ceder al escrúpulo, sino obrar contra él.

5. Propósito

Al final, una sola cosa para mañana. Una, no cinco. Lo bastante pequeña como para poder responderla mañana por la noche: no «ser más paciente», sino «escuchar en la mesa sin interrumpir».

Después un Padrenuestro, y se acabó.


Cómo empezar esta noche

Busca una hora fija: después de cenar, antes de lavarte los dientes, da igual, pero la misma. Siéntate donde no te duermas. Cinco minutos bastan.

Los tres errores más frecuentes al empezar:

El examen y la confesión

Quien reza el examen durante semanas acaba viendo repeticiones: la misma impaciencia, la misma retirada, el mismo punto donde se rompe. Ahí está el paso hacia la preparación para la confesión: no una lista de casos sueltos, sino la raíz que hay debajo.

El Catecismo señala el examen de conciencia a la luz de la Palabra de Dios (CEC 1454) como el camino hacia allí. El examen es su forma diaria y pequeña.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura el examen?

Ignacio cuenta con un cuarto de hora. Quien empieza va bien con cinco minutos: importa más la constancia que la duración.

¿Cuándo se reza?

Clásicamente dos veces al día, hacia el mediodía y por la noche. Quien lo reza una sola vez, que tome la noche, pero antes de meterse en la cama, donde gana el sueño.

¿Es lo mismo que el examen de conciencia antes de confesarse?

No, aunque están emparentados. El examen de conciencia antes de la confesión busca expresamente el pecado. El examen mira el día entero, lo bueno y lo difícil, y pregunta primero dónde ha actuado Dios.

¿Tengo que escribir algo?

No, Ignacio no lo pide. Pero muchos solo advierten al cabo de semanas que ciertas cosas se repiten, y eso se ve más fácil si quedan unas líneas.

¿Y si no se me ocurre nada?

Entonces queda la acción de gracias. Un examen en el que solo se dice «gracias» es un examen completo.

Fuentes

El examen cada noche, acompañado

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