Las dos definiciones
Ignacio las da casi seguidas, en las reglas para el discernimiento de espíritus.
Consolación (Ej 316) es cuando en el alma se enciende un movimiento interior por el que comienza a inflamarse en amor de su Creador. Pertenecen también a ella las lágrimas que nacen del dolor por los pecados o de la pasión de Cristo, y todo aumento de fe, esperanza y caridad.
Desolación (Ej 317) es lo contrario: oscuridad del alma, turbación, inclinación a las cosas bajas y terrenas, inquietud, tentación, falta de confianza. El alma se siente separada de su Creador.
Conviene notar que ninguna de las dos definiciones habla de circunstancias externas. No se trata de cómo ha ido el día, sino de hacia dónde lleva el movimiento interior.
La regla que salva
La regla más citada de Ignacio es también la más práctica (Ej 318): en tiempo de desolación, nunca hacer mudanza.
Quien está en la oscuridad ve su propia vida de forma distorsionada. El trabajo parece equivocado, el matrimonio terminado, el camino emprendido sin sentido. Ignacio no dice que esas impresiones sean siempre falsas. Dice que en ese momento no son evaluables, porque no es de ahí de donde viene la luz con la que se miran.
Por tanto: mantener lo que se decidió cuando se veía con claridad. Las decisiones se toman en consolación, no en la noche.
Qué hacer cuando dura
Ignacio no deja solo a quien está en desolación. Da cuatro indicaciones concretas (Ej 319 a 324):
- Orar más, no menos. El primer impulso es el contrario, y ahí está el error.
- Añadir algo, un pequeño ayuno, un rato más de oración. No como castigo, sino para no dejarse arrastrar.
- Recordar que pasará, y que en la consolación anterior se recibió fuerza precisamente para este momento.
- Hablarlo. Esta es la observación más aguda de Ignacio (Ej 326): el enemigo se comporta como un falso enamorado, que quiere que sus palabras queden en secreto. Dicho en voz alta, pierde gran parte de su poder.
Lo que la desolación no es
Ignacio habla de un movimiento que viene y va. Lo que permanece durante semanas, la falta de fuerzas, el insomnio, la sensación de que nada tiene sentido, los pensamientos de no querer vivir, no es desolación espiritual y no mejora con consejos espirituales. Eso pertenece a manos médicas y terapéuticas. En España, la línea 024 atiende gratis las 24 horas; en México, la Línea de la Vida, 800 911 2000.
Por qué conviene dejar constancia
Las reglas suponen que uno sabe en cuál de los dos estados se encuentra. Y eso, por la noche, no es en absoluto evidente.
Un solo día dice poco. Seis semanas, en cambio, muestran patrones: que después de ciertas tardes viene regularmente un derrumbe, que una determinada persona deja siempre inquietud, que tras un tiempo de oración fiel llega la paz. Ignacio recomendaba anotar, y él mismo llevaba un diario espiritual.
Lumen está construido para eso: una escala de consolación y desolación en cada relectura nocturna, una evolución legible en el tiempo, y un diario que permanece cifrado en el dispositivo. No hay cuenta ni servidor donde se guarden esas anotaciones.