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Consolación y desolación

Michael Porwol · Última revisión: 2026-08-27 · Lectura 3 min

En resumen

Ignacio llama consolación a todo movimiento interior que aumenta la fe, la esperanza y la caridad y orienta hacia Dios; y desolación a su contrario: oscuridad, inquietud, frialdad e inclinación a las cosas bajas. La regla práctica más importante se refiere a la desolación: en tiempo de desolación nunca se cambia una decisión tomada en tiempo de consolación. Ninguna de las dos es un estado de ánimo, sino una indicación que hay que leer.

Las dos definiciones

Ignacio las da casi seguidas, en las reglas para el discernimiento de espíritus.

Consolación (Ej 316) es cuando en el alma se enciende un movimiento interior por el que comienza a inflamarse en amor de su Creador. Pertenecen también a ella las lágrimas que nacen del dolor por los pecados o de la pasión de Cristo, y todo aumento de fe, esperanza y caridad.

Desolación (Ej 317) es lo contrario: oscuridad del alma, turbación, inclinación a las cosas bajas y terrenas, inquietud, tentación, falta de confianza. El alma se siente separada de su Creador.

Conviene notar que ninguna de las dos definiciones habla de circunstancias externas. No se trata de cómo ha ido el día, sino de hacia dónde lleva el movimiento interior.

La regla que salva

La regla más citada de Ignacio es también la más práctica (Ej 318): en tiempo de desolación, nunca hacer mudanza.

Quien está en la oscuridad ve su propia vida de forma distorsionada. El trabajo parece equivocado, el matrimonio terminado, el camino emprendido sin sentido. Ignacio no dice que esas impresiones sean siempre falsas. Dice que en ese momento no son evaluables, porque no es de ahí de donde viene la luz con la que se miran.

Por tanto: mantener lo que se decidió cuando se veía con claridad. Las decisiones se toman en consolación, no en la noche.

Qué hacer cuando dura

Ignacio no deja solo a quien está en desolación. Da cuatro indicaciones concretas (Ej 319 a 324):

  1. Orar más, no menos. El primer impulso es el contrario, y ahí está el error.
  2. Añadir algo, un pequeño ayuno, un rato más de oración. No como castigo, sino para no dejarse arrastrar.
  3. Recordar que pasará, y que en la consolación anterior se recibió fuerza precisamente para este momento.
  4. Hablarlo. Esta es la observación más aguda de Ignacio (Ej 326): el enemigo se comporta como un falso enamorado, que quiere que sus palabras queden en secreto. Dicho en voz alta, pierde gran parte de su poder.

Lo que la desolación no es

Ignacio habla de un movimiento que viene y va. Lo que permanece durante semanas, la falta de fuerzas, el insomnio, la sensación de que nada tiene sentido, los pensamientos de no querer vivir, no es desolación espiritual y no mejora con consejos espirituales. Eso pertenece a manos médicas y terapéuticas. En España, la línea 024 atiende gratis las 24 horas; en México, la Línea de la Vida, 800 911 2000.

Por qué conviene dejar constancia

Las reglas suponen que uno sabe en cuál de los dos estados se encuentra. Y eso, por la noche, no es en absoluto evidente.

Un solo día dice poco. Seis semanas, en cambio, muestran patrones: que después de ciertas tardes viene regularmente un derrumbe, que una determinada persona deja siempre inquietud, que tras un tiempo de oración fiel llega la paz. Ignacio recomendaba anotar, y él mismo llevaba un diario espiritual.

Lumen está construido para eso: una escala de consolación y desolación en cada relectura nocturna, una evolución legible en el tiempo, y un diario que permanece cifrado en el dispositivo. No hay cuenta ni servidor donde se guarden esas anotaciones.

Preguntas frecuentes

¿Consolación es lo mismo que buen humor?

No, y esa es la confusión más frecuente. Ignacio habla de un movimiento que lleva hacia Dios. Se puede estar de excelente humor y encontrarse en desolación, y se puede llorar de dolor estando en consolación, por ejemplo cuando las lágrimas nacen del amor.

¿Por qué no se debe decidir en desolación?

Porque en ese momento la realidad aparece distorsionada. Ignacio observa que en la desolación todo parece sin esperanza y todo propósito parece equivocado. Quien decide entonces, decide según una imagen falsa. La regla vale para las decisiones, no para las acciones ordinarias.

¿Qué se hace entonces en la desolación?

Ignacio es muy concreto: no cambiar nada, orar más y no menos, añadir algo a la penitencia, recordar que pasará. Y sobre todo hablarlo con alguien, porque el enemigo, dice, se comporta como quien quiere permanecer oculto.

¿Cuánto dura?

No es previsible. Ignacio dice que Dios permite la desolación también para que entendamos que la consolación es don y no mérito nuestro. El criterio no es la duración, sino si en ese tiempo se permaneció fiel.

¿La desolación es lo mismo que una depresión?

No, y confundirlas es peligroso. La desolación es un movimiento espiritual que viene y va. Una depresión es una enfermedad y pertenece al médico. Quien durante semanas está sin fuerzas, sin esperanza o con ideas de muerte no necesita solo consejo espiritual, sino ayuda. En España, la línea 024 de atención a la conducta suicida atiende gratis las 24 horas; en México, la Línea de la Vida en el 800 911 2000.

¿Cómo las reconozco?

Tomando nota. Un solo día dice poco. Seis semanas muestran que ciertas situaciones llevan regularmente al derrumbe y otras a la paz, y desde ahí se empieza a leer.

Fuentes

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