La bala de cañón
En mayo de 1521 Íñigo López de Loyola defendía la fortaleza de Pamplona frente a los franceses. Una bala de cañón le destrozó una pierna. La herida se operó dos veces, sin anestesia, y quedó cojo para el resto de su vida.
Durante los largos meses de convalecencia pidió novelas de caballerías. En el castillo no había: le llevaron una vida de Cristo y un libro sobre los santos.
Lo que ocurrió después es el origen de toda la espiritualidad ignaciana, y no fue una visión. Fue una observación. Ignacio advirtió que cuando fantaseaba con hazañas caballerescas y con una dama se entretenía, pero después quedaba vacío e insatisfecho. En cambio, cuando imaginaba vivir como Francisco o Domingo, la alegría permanecía también después.
La diferencia no estaba en el gusto, sino en lo que quedaba. De esa observación nacerá el discernimiento de espíritus.
El camino posterior
Ignacio colgó su espada ante la imagen de la Virgen en Montserrat y pasó casi un año en Manresa, en oración, ayuno y prueba. Allí atravesó también una grave crisis de escrúpulos que lo llevó cerca de la desesperación. Salió de ella, y precisamente esa experiencia hace que sus reglas resulten tan útiles a quien sufre escrupulosidad: habla desde dentro.
En Manresa nació el núcleo de los Ejercicios espirituales. Después vinieron los estudios, comenzados con más de treinta años junto a muchachos, el encuentro con los primeros compañeros en París y, en 1540, la aprobación de la Compañía de Jesús.
Qué dejó
Los Ejercicios espirituales. No un libro para leer, sino instrucciones para quien acompaña. Quien los lee solo se sorprende de lo escuetos que son: contienen sobre todo indicaciones prácticas, tiempos, advertencias.
Las reglas de discernimiento. Veintidós reglas sobre cómo reconocer de dónde procede un movimiento interior. Siguen siendo la parte más original de su obra.
El examen de conciencia diario. Cinco pasos, pocos minutos, cada noche. Ignacio escribió que de todas las prácticas esta es la última a la que hay que renunciar.
Una mirada nueva sobre el mundo. Los jesuitas no tienen coro, ni hábito propio, ni monasterio. La regla es que se busca a Dios donde se trabaja.
Por qué esto afecta a un día cualquiera
La espiritualidad de Ignacio nació de un hombre postrado en cama que advirtió que sus pensamientos dejaban rastros distintos. Es exactamente lo que cualquiera puede notar, si por la noche se detiene el tiempo suficiente para mirar.
Lumen acompaña este ejercicio en la forma de los cinco pasos, con un diario que permanece cifrado en el dispositivo, sin cuenta y sin servidor.