Las tres condiciones
El Catecismo es inusualmente preciso en este punto (n. 1857): para que un pecado sea mortal deben concurrir las tres condiciones.
Materia grave. El acto en sí debe ser grave. La referencia son los diez mandamientos.
Pleno conocimiento. Quien actúa debe saber que es malo y que es grave. Quien no lo sabía, y no por culpa suya, no comete pecado mortal.
Consentimiento deliberado. La decisión debe ser libre. Bajo coacción, en el pánico, bajo una adicción consolidada o por un impulso repentino, la libertad queda reducida.
Basta con que falte una para que el pecado no sea mortal. Esta es la parte que en la práctica más se olvida, y para los escrupulosos es la más importante.
Por qué existe la distinción
No sirve para graduar culpas, sino para describir dos realidades distintas.
El pecado venial debilita el amor, como una discusión debilita una amistad sin romperla. El pecado mortal, en cambio, rompe esa comunión, porque quien lo comete elige consciente y libremente contra Dios en algo grave.
De ahí la consecuencia práctica: el pecado mortal debe confesarse antes de comulgar. El venial no, y se perdona también mediante la oración, la limosna, el ayuno y la propia Eucaristía.
El peligro por ambos lados
Hay quien usa esta distinción para minimizarlo todo: faltaba el pleno conocimiento, luego no era grave. Eso vacía la conciencia.
Y hay quien la usa contra sí mismo y clasifica como mortal cualquier menudencia. Eso produce escrupulosidad, y la escrupulosidad no es una forma refinada de seriedad, sino un obstáculo para la vida espiritual.
El punto medio no se encuentra razonando a solas, sino hablándolo con un confesor. Quien está en uno de los dos extremos lo reconoce por una señal: la pregunta vuelve siempre, y la respuesta que uno se da a sí mismo nunca aguanta más de dos días.
El papel de la relectura diaria
Quien repasa por la noche su jornada traslada la cuestión al lugar que le corresponde. La pregunta deja de ser "¿cómo de grave es esto?" y pasa a ser "¿qué me llevó hasta ahí?".
A lo largo de semanas se ven cosas que una sola noche no muestra: que cierta situación vuelve siempre, que un propósito no ha cambiado en un mes. Lumen guarda esas anotaciones cifradas en el dispositivo, sin cuenta y sin servidor, y las hace legibles en el tiempo.