Antes de entrar
Hace falta un examen de conciencia, no una lista perfecta. Tómate un cuarto de hora, repasa el tiempo transcurrido desde la última confesión y anota mentalmente lo que pesa. Quien hace una relectura diaria del día lo tiene ya todo reunido y no necesita reconstruir nada.
No es necesario ordenar los pecados por gravedad ni encontrar las palabras justas. El sacerdote no espera una actuación.
El desarrollo
- El saludo. "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo."
- Cuánto tiempo. "Mi última confesión fue hace aproximadamente un año." Esta frase orienta toda la conversación.
- La acusación. Di lo que has hecho, sencillamente. "He mentido", "he sido duro con mi mujer", "he robado tiempo en el trabajo". Sin explicaciones largas y sin atenuantes.
- La palabra del sacerdote. Puede hacer una pregunta, dar un consejo breve o simplemente seguir adelante. No es una conversación psicológica y suele ser muy corta.
- La penitencia. Se te asigna: una oración, un gesto concreto, a veces una reparación. Si no la has entendido, pregunta.
- El acto de contrición. Si no lo recuerdas, dilo con tus palabras.
- La absolución. El sacerdote pronuncia la fórmula. Ese es el momento en que el pecado queda perdonado.
- La despedida. "Demos gracias a Dios."
Después se cumple la penitencia, mejor enseguida.
Los tres miedos más frecuentes
"Me va a juzgar." El sacerdote está obligado por el sigilo sacramental, que no admite excepciones: no puede referir nada de lo que ha oído, a nadie, por ningún motivo. En la práctica escucha lo mismo cada semana, y lo que a ti te parece único para él no lo es.
"No sé qué decir." Entonces dilo. "No sé por dónde empezar" es un comienzo perfectamente válido, y el sacerdote hará preguntas.
"He hecho algo demasiado grave." No existe. En casos rarísimos, la absolución de ciertas censuras está reservada a la Sede Apostólica, pero también eso se resuelve.
Después
La confesión no termina con la absolución. El propósito tomado vale para el día siguiente, y ahí se decide si algo cambia.
Quien repasa por la noche su jornada advierte pronto que las caídas no llegan de la nada: tienen una hora, una situación, un estado de ánimo que las precede. Ignacio llamaba examen particular a la observación de un solo punto durante semanas. Lumen acompaña esa relectura cada noche y guarda las anotaciones cifradas en el dispositivo, sin cuenta y sin servidor.