El texto
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado. Amén.
(Texto según Vatican News, sección Oraciones. La fórmula tradicional más larga comienza con "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero" y es igualmente válida.)
Qué dice, línea por línea
La oración contiene exactamente cuatro cosas, y son las que el Catecismo describe al hablar de la contrición (nn. 1451 a 1453).
Primero, el dolor. "Me arrepiento de todo corazón." No es un estado de ánimo, sino un juicio: lo que hice estaba mal, y lo reconozco como mío.
Segundo, el motivo menor. "No sólo merezco las penas establecidas por ti justamente." Esto es el temor, y está admitido. El Catecismo lo llama contrición imperfecta y dice expresamente que basta para el sacramento.
Tercero, el motivo mayor. "Sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien." Aquí se pasa del temor al amor. Es la contrición perfecta, y la fórmula la pone en segundo lugar precisamente para decir que es la más importante.
Cuarto, el propósito. "Propongo firmemente no pecar más y huir de toda ocasión de pecado." Sin esta parte no hay arrepentimiento, sino solo lamento. Y la fórmula es precisa: no basta querer evitar el pecado, hay que evitar las situaciones que llevan a él.
Cuándo se reza
En la confesión, el acto de contrición viene después de la acusación de los pecados y antes de la absolución. A menudo el sacerdote hace una señal o dice simplemente "ahora el acto de contrición".
Si en ese momento no te sale, dilo. Es una situación habitual y ningún sacerdote se sorprende. Basta con: "Señor, me pesa lo que he hecho y con tu ayuda quiero cambiar."
¿Y si el propósito no se sostiene?
La pregunta más honesta sobre esta oración es: ¿puedo prometer de verdad no pecar más, sabiendo que probablemente lo haré?
La respuesta de la tradición es que el propósito se refiere a la voluntad de ahora, no a una garantía sobre el futuro. Quien en este momento quiere sinceramente no volver a pecar ha hecho un acto de contrición válido, aunque vuelva a caer. Solo sería inválido si, mientras lo reza, uno ya tuviera decidido seguir pecando.
Aquí se ve para qué sirve una relectura diaria. Quien repasa cada noche su día advierte al cabo de tres semanas que el propósito es siempre el mismo y que la caída tiene siempre el mismo antecedente. Ignacio llamaba a esto el examen particular: tomar un solo punto y observarlo hasta ver de dónde viene. Para eso está construido Lumen, con un diario que permanece cifrado en el dispositivo y no llega a ningún servidor.