El texto
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado. Amén.
(Texto según Vatican News, sección Oraciones.)
¿Cuál es la versión «correcta»?
Todas. El Ritual de la Penitencia dice que el penitente manifiesta su contrición «con alguna de las siguientes fórmulas u otra semejante» (n. 95). La lista no está cerrada. Por eso conviven sin problema la fórmula que muchos aprendieron en el catecismo, las siete del ritual y la versión breve de arriba. Ninguna ha sido suprimida.
La fórmula tradicional: «Señor mío Jesucristo»
Es la que muchos aprendieron de memoria de niños y la que buscan como «acto de contrición antiguo» o «tradicional»:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que los perdonareis, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.
(Texto según ACI Prensa. Circulan variantes con pequeñas diferencias, por ejemplo con la frase «también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno»; todas son la misma oración.)
Las siete fórmulas del Ritual de la Penitencia
El ritual en español recoge estas fórmulas para la oración del penitente (nn. 95 a 101). La última es la traducción del texto latino oficial; las demás están tomadas de la Escritura o tejidas con ella.
1. A las tres Personas (n. 95)
Dios, Padre lleno de clemencia, como el hijo pródigo, que marchó hacia tu encuentro, te digo: «He pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo». Cristo Jesús, Salvador del mundo, como el ladrón al que abriste las puertas del paraíso, te ruego: «Acuérdate de mí, Señor, en tu reino». Espíritu Santo, fuente de amor, confiadamente te invoco: «Purifícame, y haz que camine como hijo de la luz».
2. Del Salmo 24, 6-7 (n. 96; en las Biblias de hoy es el Salmo 25)
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
3. Del Salmo 50, 4-5 (n. 97; hoy Salmo 51, el Miserere)
Lava del todo mi delito, Dios mío, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.
4. De Lucas 15, 18 y 18, 13 (n. 98; el hijo pródigo y el publicano)
Padre, he pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Ten compasión de este pecador.
5. Otra vez el Miserere (n. 99)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
6. La fórmula corta (n. 100)
Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador.
7. La fórmula del rito (n. 101)
Dios mío, con todo mi corazón me arrepiento de todo el mal que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer. Al pecar, te he ofendido a ti, que eres el Supremo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor: Por los méritos de la pasión de nuestro Salvador Jesucristo, apiádate de mí.
(Texto según la edición de la Conferencia Episcopal Española. Las ediciones de otros países de habla hispana pueden variar en la redacción.)
El acto de contrición corto
Quien busca una versión breve para no quedarse en blanco en el confesonario la tiene en el propio ritual: «Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador.» Es la fórmula n. 100, tan válida como las largas. Une la súplica del publicano del Evangelio («ten compasión de este pecador») con la antigua oración de Jesús de la tradición oriental.
El acto de contrición en latín
Quien busca «acto de contrición en latín» encuentra casi siempre el Actus contritionis de la tradición catequística, «Deus meus, ex toto corde paenitet me omnium meorum peccatorum…». La versión breve de arriba corresponde a ese texto. El texto latino del rito actual es otro. Así dice el n. 45 del Ordo Paenitentiae de 1974:
Deus meus, ex toto corde me paenitet ac doleo de omnibus quae male egi et de bono quod omisi, quia peccando offendi te, summe bonum ac dignum qui super omnia diligaris. Firmiter propono, adiuvante gratia tua, me paenitentiam agere, de cetero non peccaturum peccatique occasiones fugiturum. Per merita passionis Salvatoris nostri Iesu Christi, Domine, miserere.
Su traducción es la fórmula 7 del ritual español. Comparada con la versión breve, se notan dos diferencias: no habla de las penas merecidas, y nombra el mal hecho y el bien omitido. Ambas formas conviven; ninguna ha sido retirada.
Para niños
Para la confesión no existe una fórmula propia de los niños: las del ritual valen para todos, y un niño puede decir su arrepentimiento con sus palabras. En los apéndices del ritual hay, sin embargo, una celebración penitencial para niños pequeños, con una oración que cada niño dice (n. 358):
Padre, estoy arrepentido de todo el mal que he hecho y te pido perdón por el bien que no he querido hacer. Sinceramente quiero esforzarme y enmendarme principalmente en… y así caminar siempre en tu luz.
En el hueco, el niño dice en voz alta un propósito concreto. Es un texto para una celebración comunitaria, no para el sacramento, pero sirve muy bien para enseñar a un niño qué significa arrepentirse.
Qué dice, línea por línea
La versión breve de arriba contiene exactamente cuatro cosas, y son las que el Catecismo describe al hablar de la contrición (nn. 1451 a 1453).
Primero, el dolor. "Me arrepiento de todo corazón." No es un estado de ánimo, sino un juicio: lo que hice estaba mal, y lo reconozco como mío.
Segundo, el motivo menor. "No sólo merezco las penas establecidas por ti justamente." Esto es el temor, y está admitido. El Catecismo lo llama contrición imperfecta y dice expresamente que basta para el sacramento.
Tercero, el motivo mayor. "Sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien." Aquí se pasa del temor al amor. Es la contrición perfecta, y la fórmula la pone en segundo lugar precisamente para decir que es la más importante.
Cuarto, el propósito. "Propongo firmemente no pecar más y huir de toda ocasión de pecado." Sin esta parte no hay arrepentimiento, sino solo lamento. Y la fórmula es precisa: no basta querer evitar el pecado, hay que evitar las situaciones que llevan a él.
Cuándo se reza
En la confesión, el acto de contrición viene después de la acusación de los pecados y antes de la absolución. A menudo el sacerdote hace una señal o dice simplemente "ahora el acto de contrición".
Si en ese momento no te sale, dilo. Es una situación habitual y ningún sacerdote se sorprende. Basta con: "Señor, me pesa lo que he hecho y con tu ayuda quiero cambiar."
¿Y si el propósito no se sostiene?
La pregunta más honesta sobre esta oración es: ¿puedo prometer de verdad no pecar más, sabiendo que probablemente lo haré?
La respuesta de la tradición es que el propósito se refiere a la voluntad de ahora, no a una garantía sobre el futuro. Quien en este momento quiere sinceramente no volver a pecar ha hecho un acto de contrición válido, aunque vuelva a caer. Solo sería inválido si, mientras lo reza, uno ya tuviera decidido seguir pecando.
Aquí se ve para qué sirve una relectura diaria. Quien repasa cada noche su día advierte al cabo de tres semanas que el propósito es siempre el mismo y que la caída tiene siempre el mismo antecedente. Ignacio llamaba a esto el examen particular: tomar un solo punto y observarlo hasta ver de dónde viene. Para eso está construido Lumen, con un diario que permanece cifrado en el dispositivo y no llega a ningún servidor.